Ahora nos vamos al año 1984 con un juego para nuestra Atari 2600 bastante “pacmatizado”. No obstante el hecho de imitar el estilo de juego de Namco no significa que no encontremos juegos del mismo tipo que inserten algunas modificaciones o variantes que lo conviertan en un juego jugable (valga la redundancia) y con su propio sello personal. Eso es quizá lo que le ocurre a Pengo.
El argumento resulta muy curioso: Pengo (el protagonista pingüino) había quedado con su novia para ir a contemplar el amanecer, y como todo buen casanova, Pengo se presentó a la cita con demasiada antelación así que hasta que llegara la hora de la cita decidió entrar a las máquinas recreativas para matar el tiempo. Sin embargo dentro del local solo había unos bichos muy raros y una estancia de bloques de hielo.
Los puntos en común con Pacman son evidentes desde un punto de vista externo: controlamos al pingüino Pengo en un escenario laberíntico compuesto por una sola pantalla. Al igual que en Pacman nuestro recorrido por estas galerías del laberinto no va a ser en solitario, ya que aparecerán unos enemigos llamados Sno-Bees que tienen un parecido a los fantasmas del juego de Namco. Ya os imaginaréis que chocar con uno de estos Sno-Bees supone perder una de nuestras cinco vidas y perder las cinco vidas supone perder el juego.
Mientras que en Pacman el objetivo era recoger todas las bolitas del laberinto y dejarlo vacío, en este caso, nuestra meta es algo distinta: tendremos que derrotar a todos los Sno-Bees para pasar al siguiente nivel de dificultad. La principal diferencia es que es el laberinto es totalmente interactivo, puesto que las paredes están formadas por bloques de hielo. En cualquier momento el pingüino Pengo puede empujar los bloques de hielo en línea recta para acabar con los Sno-Bees que nos encontremos en la trayectoria del bloque de hielo o bien acorralarlos y dejarlos atrapados dentro de una zona cerrada. Nosotros podemos usar la estrategia que queramos…pero el objetivo es acabar con todos.
Al principio los enemigos van a su bola, moviéndose por el laberinto sin hacernos mucho caso…pero a medida que pasa el tiempo, se ponen más nerviosos comenzarán a moverse más rápido y perseguirnos. Además los Sno-Bees tienen el poder de romper los bloques de hielo, de tal forma que si somos tardones, los enemigos empezarán a romper los bloques y al final nos quedaremos sin herramientas para derrotar a los enemigos. También habrá bloques que no se pueden romper ni mover ya que son diamantes que si los colocamos en línea produce en resplandor que atonta a todos los enemigos durantes unos segundos; y también hay otros que eran generadores de nuevos Sno-Bees. Evidentemente habrá que acabar con estos bloques porque entonces la pantalla se llenaría de más enemigos.
Además el componente estratégico es importante con las paredes del nivel, ya que si pulsamos el botón en el momento en que un enemigo está cerca de una pared, lo marearemos por unos segundos, tiempo suficiente para poder lanzarle un bloque y eliminarle. Por cada sno-bee eliminado nos darán una suma de puntos. La gracia de esto consistía en acumular la mayor cantidad de puntos antes de perder las 5 vidas repitiendo el mismo esquema de juego.
Cada dos niveles (al igual que en Pacman) salía un fotograma del pingüino bailando al son de una música.
Gráficamente esta versión de Atari es más sobria tanto en el título como en el colorido y disposición de los escenarios: fondo negro, bloques azules y las siluetas de los personajes. En la versión de MAME sonaba una música muy conocida titulada “Popcorn”. Es una pena que en esta versión solo suene la música al principio de nivel y al ser golpeados por un enemigo. En el resto del juego tan solo el ruido al empujar los bloques.
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